Muy posiblemente todos vosotros hayais tenido rencor hacia alguien, aunque solo sea un rencor transitorio; practicamente seguro que habreis insultado y; no tengo ninguna duda de que alguna vez hayais pensado o dicho que tal o cual es "mala persona". Yo no me he librado de ninguna de esas conductas.
Quizás deberiamos plantearnos la posibilidad de dar un paso más y preguntarnos si odiar puede tener algun fundamento. Yo en mi rastreo de respuestas a todos los porqués que me han surgido he pensado sobre el asunto mucho y tengo una idea consolidada sobre el tema. Mi afirmación principal es la siguiente:
"Nadie es tan subjetivo como para ser culpable de algo"
La principal columna en la que me asiento para hacer tal afirmación, es que todos y cada uno de nosotros, cuando hacemos algo, no somos responsables de lo que hacemos. "Alguien" manda en nuestro interior, mas concretamente, manda la casualidad. La casualidad, el destino, la suerte, el orden de cosas establecido, las circunstancias, nuestra genética, la ciudad en la que "por casualidad" nacimos (me repito, claro, es inevitable) , el que nos educaran de un modo u otro, el ir a una ikastola, el haber escuchado la cadena "Ser" en lugar de "La Cope" durante la adolescencia sin haberle dado importancia a la elección, etc... son ese "alguien".
Con todo el compendio de ejemplificaciones del párrafo anterior solamente quiero poner sobre la mesa las ideas que rigen nuestro funcionamiento: la objetividad, el ínteres y el destino.
Por supuesto que hoy en día, siempre que no cometamos una aberración social como por ejemplo "asesinar" y vaya por ello a la carcel, somos libres. Ahora bien, se trata de una libertad con minusculas, una libertad que nos permite "socialmente hablando" no estar sujetos a esclavitud como por ejemplo ocurría en la época romana. En todo eso, somos libres.
Sin embargo, la libertad como idea abstracta que define el comportamiento del ser humano no existe. Pongo un ejemplo: Estais en la cocina, abrís la nevera pudiendo optar por asir una naranja o coger un yogur. ¿Realmente creeis que la decisión que tomeis es un ejercicio de libertad? Mi respuesta es "no". Para mi, la decisión es una casualidad. Algunos podreís pensar que mi ejemplo es equívoco, porque, claro, ¿quien pone atención en ese tipo de decisiones? Pero no, no van por ahi los tiros.
Pongo un segundo ejemplo: Os gustan infinitamente dos chicas, Ana e Isabel. Ana es maravillosa, una "gran persona", ayuda a los demas, es muy inteligente, guapa y le encanta hacer deporte. Isabel es vaguísima, muy habladora, no es fea, esta mas rellenita que Isabel, y es muy atractiva. (Vaya dos descripciones me he marcado, jejeje) Vayamos al grano, no sois vosotros los que tomais la decisión de optar por una u otra, es vuestro "alguien". A Fernando le encantan las chicas mas rellenitas y que hablen mucho; y a Luis le encantan las chicas guapas por encima de todo y que hagan deporte. ¿Son Fernando y Luis libres? Son libres con minusculas, claro. Pero no son LIBRES. Imaginaros que ellos decidieran libremente sobre tal cuestión. Ello daría igual...ya que ¿ha elegido Luis esa configuracion de su personalidad que le hace volverse loco con una chica deportista? ¡Que va! Fue Dios, o quien sea (destino, casualidad, objetividad) quien organizó las cosas de ese modo. Al fin y al cabo, ulteriormente siempre hay algo que se nos escapa, y legitíma que "alguien" mande.
Del mismo modo que en las matemáticas, hay algo que no se controla, y se le acaba "por ministerio de la ley" asignando el nombre de infinito, en la propia vida, la libertad esta alli, en el infinito, y solo Dios puede llegar allí. Los demas somos "titeres" que "alguien" maneja.
Todo este sustento ideológico me sirve para afirmar, que "alguien" tambien es responsable del modus operandi de un asesino. Por eso, reflexionando, en frio, soy incapaz de odiar a un asesino. El no tiene la culpa. Irá a la carcel para que no sigan muriendo personas, pero no tiene la culpa. Por eso hay que perdonar siempre.
Ya dijo Jesus de Nazaret, que había que poner la otra mejilla. El, por ser casi Dios, sería el único con los cojones suficientes como para, en un momento dado, poner "la otra mejilla" sin odiar ni responder. Nosotros debemos luchar por ser asi, aunque lo tenemos dificil ya que no somos tan subjetivos como para poder hacerlo "con mayusculas".