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Alguien voló y fue libre...escribiendo

Notas de Psicología (Por Ruben Sarvisé)

Redundando y concluyendo tras "escucharos"

Escuchar no solo nos permite conocer al otro, sino que es el servicio más grande que un ser humano puede prestar, porque materializa esa necesidad básica del ser humano que es la aceptación de los demás.

 

El de "escuchar" es un arte perdido en la sociedad actual, que debemos recuperar y practicar usando de esas cualidades que lo hacen posible, como son la humildad, la flexibilidad y la apertura al cambio, así como la empatía.

 

La buena comunicación supone saber tratar a las personas, saber decir que no cuando proceda y, sobre todo, saber perdonar o inducir el perdón, ya que la mediación supone una formula de solución pacifica de los conflictos familiares, personales, sociales…

 

Ahora pensar  en alguna discusión con alguien cercano, íntimo, en la que os hayáis sentido desbordados por esa aura que nos rodea de descontrol, pérdida de nervios, etc.

 

Pararos a analizar, y os daréis cuenta de dos cosas: 1) Lo mal preparada que estamos la gente a la hora de afrontar situaciones de conflicto de un modo adulto, racional y civilizado, y 2) lo que mejorarían las relaciones de todo tipo si cambiáramos nuestra predisposición. Es todo una cuestión de autocontrol. Cuantas veces esa ausencia de autocontrol nos lleva a que cuando nos hacen una crítica reaccionamos contrarrestando con otra crítica, nos defendemos atacando, mezclando cosas para enmierdar o ensuciar “el partido”. Nos olvidamos de que una discusión no es una cuestión de conmigo o contra mi, pq no tiene porque tener la razón solo una parte, sino q las dos pueden tener razón, o ninguna. Pero al final hacemos de esto un “o tu o yo”! ahora bien, lo que muchas veces nos hace saltar”  no es la crítica en sí, sino las formas. Esa es la otra parte. Criticar para reconstruir o criticar para destruir (por un rencor puntual, o por despecho,…). Y por último, otro punto a destacar es que todas estas situaciones nos llevan muchas veces a tener un sentimiento, un enfado con alguien, no lo decimos y lo dejamos pasar, “Buáh, para que le voy a decir nada” o sentencias similares que nos llevan a no hablar las cosas. Nunca hay que callarse algo, saber sacarlo, porque la gente empieza tragando una piedra pequeña y acaba por tragarse montañas hasta que explota.

 

Evidentemente no siempre es así, pero me pongo en esas situaciones en las que después de discutir acabamos “jodidos” y mentalmente exhaustos. 

Así pues, estaría bien que ahora nos fuéramos a discutir con alguien deliberadamente (¿rónico no? esto es la leche), y así fijarnos y empezar a comprender que antes de criticar los fallos del prójimo estas los nuestros. ¿Con que motivo te iba a reprochar  que me gritas si yo también te he gritado? (...el orden de los sumandos no altera la suma, así que no vale eso de el/ella me ha gritado primero...). Lo dicho, aprendamos a escuchar y a discutir.

 

Esta semana otro artículo, bastante ameno (espero), probablemente dirigido a un debate masculino/femenino, ya sabéis carnaza, ¡sangre!. Se admiten sugerencias.

 

Feliz navidad.

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Hay quien no escucha, pero tambien hay quien no sabe lo que es "escuchar"

Bueno ya era hora de que acabara mi primer artículo para darle vida a todo este “tinglado”. Mi idea es abrir con un tema e ir desarrollándolo con varios artículos relacionados y ver si podemos meter un poco de debate y sentirnos identificados con situaciones que se nos dan en el día a día. Ni que decir tiene que se aceptan sugerencias o ideas para tratar temas de cualquier índole, temas que os gusten u os preocupen. Mi primer articulo pues abre con un tema que me parece que no se valora mucho hoy en día y es el arte perdido de escuchar.

 

Mi amiga Laura ha regresado decepcionada de su veraneo, no tanto de las vacaciones en sí –se ha puesto muy morena sino por los malentendidos con su novio. Todo iba sobre ruedas, hasta que decidieron pasar dos semanas juntos. Me cuenta indignada que él no la escucha. “El otro día le estaba confiando sentimientos muy profundos y yo creía que él me escuchaba con agrado y comprendía lo que le estaba diciendo. Pero de repente, localizó con la vista a un amigo suyo y salió veloz a su encuentro, dejándome a mí con la palabra en la boca. Yo pensaba que me prestaba atención y resulta que no, que tan sólo fingía escucharme. Lo cierto es que me he sentido fatal, y me parece que no le interesa mucho lo que pienso y lo que siento. Me he llevado un buen chasco”.

María José, otra amiga mía, confiesa estar harta. Me dice que cada vez aguanta menos a su cuñado. “Casi nunca puedes contar algo hasta el final –se lamenta–. Cuentes lo que cuentes, da la casualidad de que a él le ha pasado lo mismo pero multiplicado por diez ‘Buáh -te interrumpe- eso no es nada comparado con lo que me ha pasado a mí...’, y de esa forma te arrebata la palabra. Su comportamiento me saca de quicio”.

Mi colega Eduardo también se queja de la mala calidad de algunos oídos. “A mí, por ejemplo, lo que más me saca de quicio es cuando empiezo a contar algo y me cortan con la frase ¡...pues como a todo el mundo! ¿Cómo saben lo que a mí me pasa si no me han dejado acabar? ¿Y cómo saben lo que le pasa a todo el mundo si cada individuo es diferente? Según veo las cosas cada persona es un mundo.

Como señala Eduardo, cada persona es un mundo, y precisamente por eso necesitamos visitar otros mundos para aprender de las vivencias ajenas y enriquecernos con ellas. “La razón por la que ser escuchados nos resulta tan importante es porque nunca llegamos a superar nuestra necesidad de comunicar lo que se siente en nuestros mundos, en nuestras aisladas y particulares experiencias. Quizá por eso escuchar es un bien que escasea. No es una necesidad que tenemos, es un regalo que ofrecemos”.

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