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Alguien voló y fue libre...escribiendo

Arrancaré esas hojas ¡y ya esta!

"La insoportable levedad del ser" es un libro que me recomendo mi amigo Manuel el último verano. Es vergonzoso que aún no me lo haya leido, pero mi hiperactividad mental me impide parar un momento, una noche, y leer un ratito en ese misterioso momento anterior al dormir. Aún asi, como actitud muy típica en mí que es (ser el ajo de todas las salsas, como dice mi queridísimo padre) no pude evitar, un buen día, comenzar a leerlo.

El libro se divide en siete partes. La primera se titula "La levedad y el peso". A su vez, "La levedad y el peso" se fragmenta en diecisiete nuevas celulas literarias.

 

Comence a leer, y no entendi muy bien a que se estaba refiriendo Milan Kundera. Se trataba de un tema bastante abstracto, pero intuía, como me había dicho Manu, que se trataba de una idea muy próxima a la que yo he tenido y tengo sobre el mundo, su pasado y su devenir. Me encantó el modo en el que se expresaba el autor. Los dos primeros puntos eran una introducción de tipo filosófico fantástica. Al llegar al tercer punto comienza la verdadera historia: "Pienso en Tomás desde..."

Cuando llegué a ese tercer punto, me di cuenta de que comenzar con Tomás era meterme en una historia demasiado real y concreta. ¿Cómo voy a comenzar a leer una historia concreta despues de haberme comido toda la filosofía que yo entiendo que existe en tres carillas? Cerre el libro y pensé, otro dia me meto con esto, ahora no.

Habre cogido el libro unas quince veces, y aunque sea por un motivo de mero orden (aunque aqui es porque me lo pide cuerpo) comienzo nuevamente desde el principio: "La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nieztche...". Lo mas curioso es que me vuelvo a quedar atascado. Nunca paso de "Pienso en Tomás....". Resulta que cuando leo ese intervalo espacial, Tomás me trae sin cuidado. Lo seguiré intentando, pero Milan, si vas a escribir una novela maravillosa sobre lo concreto, relaciones, problemas, amores, desamores, incluso reflexiones, no me escribas "LA REFLEXIÓN" al comienzo, porque me dejas tan "plano" que solo se me ocurre cerrar el libro y mirar al horizonte. Lo peor es que hasta que no pasa un tiempo, en el horizonte veo escrito otra vez lo mismo...

La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido va, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?

El mito del eterno retorno viene a decir, per negationem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.

¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?
Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.

Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. Hay una diferencia infinita entre el Robespierre que apareció sólo una vez en la historia y un Robespierre que volviera eternamente a cortarle la cabeza a los franceses.
Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia; todo, incluida la guillotina.

No hace mucho me sorprendí a mí mismo con una sensación increíble: estaba hojeando un libro sobre Hitler y al ver algunas de las fotografías me emocioné: me habían recordado el tiempo de mi infancia; la viví durante la guerra; algunos de mis parientes murieron en los campos de concentración de Hitler; ¿pero qué era su muerte en comparación con el hecho de que las fotografías de Hitler me habían recordado un tiempo pasado de mi vida, un tiempo que no volverá?
Esta reconciliación con Hitler demuestra la profunda perversión moral que va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido. (p.7-8)

Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht).
Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad.

¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad?

La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será.

Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.
Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?

Este fue el interrogante que se planteó Parménides en el siglo sexto antes de Cristo. A su juicio todo el mundo estaba dividido en principios contradictorios: luz-oscuridad; sutil-tosco; calor-frío; ser-no ser. Uno de los polos de la contradicción era, según él, positivo (la luz, el calor, lo fino, el ser), el otro negativo. Semejante división entre polos positivos y negativos puede parecernos puerilmente simple. Con una excepción: ¿qué es lo positivo, el peso o la levedad?

Parménides respondió: la levedad es positiva, el peso es negativo.

¿Tenía razón o no? Es una incógnita. Sólo una cosa es segura: la contradicción entre peso y levedad es la más misteriosa y equívoca de todas las contradicciones.

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1 comentario

Raquel -

Hola, Javier. Me llamo Raquel y soy una chica inquieta de 19 años. Hace dos días me acerqué a uno de esos cajones aislados lleno de películas a bajo precio que suelen colocar en las grandes superficies. Me llamó la atención una película de carátula austera y con el impactante título de "La insoportable levedad del ser". Pensé: "barata, escondida, con una carátula normal, sin marketing ni artificios... esta película debe ser buena...". Así que me la llevé a casa. Es larga, 2h 40 min, de una plástica preciosa, muy tranquila, muy erótica... fantástica. Los personajes hablan poco, pero es más que suficiente. Cuando llega la parte de las revoluciones en Praga se hace lenta, pero después vuelve a coger fuerza. Entiendes a los personajes, te gusta mirarlos, te sientes cómplice. Pero, de repente, llega el final... y me dejó totalmente insatisfecha; ¿y ese final qué quería decir? ¿Pensaba el director dejarme así? Así que al día siguiente me fui derechita a una librería a por la novela. En la portada está impreso "más de 1.000.000 de ejemplares vendidos", y es lo único que no me gusta de la novela, puesto que no soy de las que me dejo llevar por los best sellers vendidos en masa por una moda. Leí las dos primeras páginas que a ti tanto te echan el freno y quedé fascinada. Ando de éxamenes, por lo que no puedo dedicarle mucho tiempo, pero deseo leerlo y poder averiguar si la plástica en el libro es aún mejor que la expuesta en la película. Mi curiosidad me ha hecho ojear algunas páginas y ya he podido comprobar que suceden cosas en el libro que son omitidas en la película... pero es algo habitual. Igual que con "El perfume" hicieron lo que quisieron al llevar la novela al cine. Cuando pase de "pienso en Tomás desde...", ya te avisaré si me ha dado un síncope de tanta reflexión, o si por otro lado me he sumergido en un mundo convulso, íntimo y maravilloso, como espero que suceda. Saludos, pequeño filósofo ensayista...
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